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Días de nada

Ivan Melnick
Artista, actualmente residiendo en Berlín Á - N.1

I

Un zorro iluminado por un rayo me espera. Es viejo y feo y terrible y hay algo en su mirada que me bloquea, no me deja respirar. Nos acechamos mutuamente mientras busco la salida del parque. Últimamente todo me parece una señal, es agotador.
Dentro del U-bahn observo el canal mientras un yonqui intercambia revistas por monedas. Afuera hace frío y la nieve cae espesa sobre el cemento. Un grupo de norteamericanos borrachos empieza a cantar una canción horrible y la noche empieza a caer de a poco. La la es larga. El club, una vieja fábrica abandonada. Un interminable déjà vu y viajes por el tiempo. Keyhole sentado en el retrete. A la distancia, serpenteando por el camino de asfalto un hombre decide el destino
de la noche.
En el baño un tipo me ofrece pastillas. Tras las puertas se esconden parejas esnifándolo todo. Me adentro a la pista de baile y me tambaleo mientras observo cómo todos se dejan llevar y me pregunto por qué a mí no me funciona. Me encuentro con D.F y nos largamos de ahí.
Las cinco de la mañana es una hora tan buena como cualquiera. Caminar sobre la nieve es siempre una experiencia mística. Estas son dos razones por las cuales me encuentro
en el borde del canal esperando algo.
-Las piedras que poseo están cargadas de sabiduría —dice D.F—. Por las noches, si las dejas bajo tu almohada puedes formatear tus pensamientos.
Le respondo que no me molestaría intentarlo. La cara del zorro me mira de nuevo, imponente, sucia cara de zorro.
Ahí tatuada en el cuello de un tipo tatuado con zorros y arañas sentado en la esquina con otros tipos tatuados hablando polaco y en medio una chica tatuada las manos, los dedos, los párpados. Le pregunto su nombre, nos besuqueamos en el baño. D.F se pierde en el camino.
Pienso en Chile. Se me aparecen playas y bosques y desiertos y océanos. El viento golpea mi cara. La corta. Se siente increíblemente bien. Ya no pienso en Chile.
Una frase de los hermanos Goncourt me desarma. «Todo es único, nada ocurre más de una vez en la vida. El placer físico que te dio cierta mujer en cierto momento, el plato exquisito que comiste
un día en concreto… no volverás a disfrutar de ninguno de los dos. Nada se repite y todo es incomparable». Suelto una lágrima, sorbeteo por la nariz y me acuesto al lado de mi novia. Sueño con grasa de cerdo cocido y pistolas.

II

El café por la mañana me afecta. Lo siento en mis venas. Escribo una sentencia que no entiendo y me dispongo a ordenar la casa. Hago mal mi cama, limpio mal el water y no como nada.
Camino cinco, diez, quince cuadras. Me encuentro con Dana. Me dice que su perro está más majo. Que ella y Ben están felices de que su perro esté superando una vida de maltratos. Me invita por la noche a la librería. Un músico californiano convertido en maestro de escuela cantará himnos olvidados.
Cruzo Gorlitzer Park y senegaleses me ofrecen hierba. Las parejas pasean a sus hijos en un bonito día de nieve. En realidad hace frío y quiero llegar pronto. Del otro lado el canal está congelado.
Paso ocho horas escribiendo. La mayoría es basura. Rescato un aforismo y termino mi tercer té. Desempleados juegan pin-pon
y beben cerveza y veo a un tipo en silla de ruedas fumando. Pido la cuenta y paseo por el parque. El día está hermoso y me alegro de estar allí.
Pienso en Chile y en su gente, su televisión, sus trabajos, me obligo a extrañar. Lo consigo a medias.
Es de noche en la calle y todos parecen animales. Veo un perro, un gato y obviamente un cerdo. Me río para mis adentros o eso es lo que creo porque alguien me pregunta de qué me estoy riendo.
Me ofrece el cuarto té del día. Alguien me habla sobre su incompatibilidad para trabajar con otras personas. Lo escucho. Que horror son los jefes.
Hojeo libros, tomo cerveza. La librería está llena.
El músico es bastante bueno. Su voz me toca una bra sensible. Nada parece haber cambiado y todo ha cambiado tanto. Decidimos ir todos a beber.

III

Mi novia es la más guapa. Eso no quiere decir que a veces no bese a otras chicas. Ella lo sabe. Ella también puede hacerlo. Besar a otras chicas, claro.
Comemos comida Thai viendo una serie. Me pregunto cuánto ganará un guionista de Netflix. Bebemos un smoothie de verduras verdes. Pepino, limón, albahaca, jengibre. Su habitación es hermosa ¡Tiene una hamaca!
Salimos a trotar por el parque. El día está bañado de esa luz mortecina que precede el otoño. Pienso en las infinitas posibilidades de vida y no elijo ni una. Quiero dejarme llevar por la corriente de los días.

Ivan Melnick